Es imposible relatar todos y cada uno de los detalles de mi larga estancia en la ciudad romana. Asi pues me dispongo a resaltar algunos de los hechos que mi memoria y corazón han decidido revelar.

Roma era sin duda la cuidad más grande que había visto desde mi escape del Gran Roble. Mientras avanzábamos por sus calles y sus grandes pilares, yo no podía dejar de mirar las bellas estructuras que se levantaban a nuestros costados, a los mortales y su indumentaria, los soldados, etc.
Mael parecía de lo más tranquilo y le daba lo mismo si la ciudad era hermosa o no. Me decía que mi cara le recordaba al de un animal que es cambiado de habitat súbitamente y se desorienta y analiza todo de una forma enferma. A todo ésto me parecía que sus comentarios eran verdad y lo escuchaba atentamente mientras él, después de una carcajada divertida, me decía que ya estaba poniendo ésa expresión nuevante.
Ahora, después de tantos siglos, ésos recuerdos que creía perdidos, me arrancan una sonrisa como en aquel entonces.
Pero no es aqui donde mi relato puntualizó anteriormente, sino en el momento en que yo observaba asombrado cómo Mael se reencontraba con el dios fugitivo Marius. Éste nos observaba y analizaba, pude notarlo en su mirada.
Después de unos momentos dijo su nombre a Mael como saludo, pero éste no pudo reprimir su frustración y comenzó a reclamarle a ése ser el abandono cometido a los druidas de las Galias. Y así, inició un acalorado momento de reproches mutuos y ofensas (sorprendentes para mí) que llegaron a un punto en el que ya hablaban de matarse. Ésto me provocó una intensa desesperación y angustia pues me parecía de lo más absurdo pelear si no había nada que arreglar.
Tuve que intervenir. Tomé a Mael por el brazo para que supiera de mi desaprobación y les hice saber a ambos lo absurdo de la pelea y lo poco importante que resultaba ya, el cómo adquirieron los dones oscuros.
El primero en razonar fué el vampiro desconocido. Se tranquilizó y nos habló de una casa hermosa en la cuidad, una casa grande, lujosa y con jardínes que le pertenecía y a la que deseaba invitarnos a visitar.
Mi emoción por conocer un lugar así y al nuevo vampiro que parecía poseer sabiduría y actitudes amables, era muy grande y de inmediato comuniqué a Mael mis deseos de ir.
Llegamos al lugar guiados por el vampiro Marius. Yo estaba atónito ante la visión de tantas cosas hermosas en armonía y de que un dios como nosotros las poseyera. Fué entonces cuando nos dimos cuenta de nuestro aspecto sucio y de que podríamos estropear algún objeto. Aún asi el vampiro nos indicó que no había problema alguno en sentarnos o ensuciar algo. Éso fué muy considerado de su parte asi que tome asiento a diferencia de Mael que seguía rabioso y que de mala gana y después de que el vampiro le rogara, aceptó sentarse bruscamente.
En fin, éramos un grupo bastante extraño. A mi perspectiva Marius era sabio y amable pero se dejaba irritar por Mael, éste a su vez era la ira en persona y yo, solo miraba y temía al ver sus expresiones, que siguieran su disputa para mal. Éso yo no lo permitiría, prefería las palabras para las soluciones y así se los comuniqué. Una batalla verbal.
Los dos se calmaron y se dispusieron a hablar mientras yo observaba detenidamente el lugar y al vampiro anfitrión. Sus ropas eran muy hermosas, era un ser rubio y con ojos azules como Mael. Solo que éste ser tenía maneras refinadas y transmitía un semblante intelectual.
Iniciaron la conversación. Para ésto yo ya me había encargado de presentarme al vampiro por medio de la mente, ya que Mael por su rabia lo olvidó. La conversación siguió y fué guiada por Mael quien estaba contando su historia desde que el dios Marius se fugó del Roble.
Mael temía mis reacciones cuando hablaba de lo sucedido en los bosques de las Galias. Por mi parte deseaba escuchar su versión y brindar a nuestro anfitrion, lo único que podríamos ofrecer a cambio de su amabilidad: Nuestra historia.
La plática parecía interesarle al nuevo dios pero nuevamente comenzaron los comentarios hoscos por parte de ambos, el sarcasmo y nuevamente discutían con sentimientos negativos que parecían no terminar de manifestarse. Y así siguió el relato de Mael interrumpiendose una vez mas, maldiciendo su suerte por ser elegido para suplir a Marius. Yo le dije que era necesario que se calmara y que pensara en si realmente quería seguir a mi lado ya que era el causante de convertirlo en lo que era. Mael se sobresaltó y me dijo que deseaba estar a mi lado que yo no era el causante.
Ahh.. esa noche fué dificil para Mael, lo sé. Lo calmé mas de tres veces en la conversación, la última tuve que levantarme del hermoso sillón para evitar que golpeara a Marius. Aún y con ésos inconvenientes, logró contar todo lo sucedido hasta entonces y yo aprendí mucho durante mi estancia en ése lugar.
Aprendí, que Mael sabía relatar muy bien las historias, que aún me temía, que me celaba respecto a Marius y que éste también lo sabía, y que su furia hacia él, en ésos momentos, era más por mi causa que por lo sucedido. Aprendí también que se tenían un gran resentimiento, que Marius ocultaba cosas sobre la Madre y creía que yo también ignoraba ésos secretos. Pero no dije nada, no era prudente. Además Mael terminaría sintiendose en desventaja y yo no quería eso.
Marius nos invitó a quedarnos pero, aunque en ésos momentos opinara lo contrario, nos retiramos prudentemente y digo prudente ya que Mael y Marius estaban muy irritados. Me despedí como es mi costumbre, con los seres que me agradan, con un aprentón de manos.
El camino a nuestro lugar de descanso fué en silencio, yo pensaba en todo lo que había vivido ésa noche y Mael, seguía irritado y silencioso hasta que por fin me miró y dijo que nosotros sabíamos cómo existir sin necesidad de todas ésas cosas que nos ofrecía. Yo solo lo miré con afabilidad y le dije, para calmar sus preocupaciones, que era bueno conocer diversas formas de subsistir y que estaba satisfecho con nuestra vida y su compañía.
Los años transcurrieron y mi "vida" con Mael era bastante activa, ésto porque siempre aparecían seres a los que aterrorizábamos. Amenazabamos a cuanto dios fúrico o uno de los nuevos adoradores de la serpiente aparecían en la cuidad para que no volvieran jamás. Algunos, los elíminabamos por su persistencia. A todo ésto como es comprensible, yo era más poderoso que Mael por mi edad. En cuanto a la caza, nos gustaba jugar con los mortales, había muchos seres merecedores de ser sacrificados.
En cuanto al dios fugitivo Marius, aveces sentía que nos espiaba telepáticamente. Me causaba gran intriga que algunas veces lo sintiera o viera dirigirse a un lugar desolado en las montañas. Yo tenía mis hipótesis, relacionando sus peregrinajes con la Gran Madre, porsupuesto no le decía nada a Mael puesto que no estaba seguro de que fuera verdad ni de la reacción de mi compañero.
Convencí a Mael de conseguirnos indumentarias apropiadas para caminar sobre las calles romanas. Optamos por unas vestimentas de soldado muy cómodas y apropiadas para nuestras batallas con los vampiros intrusos y los mortales invasores. Nos arreglabamos y peinábamos adecuadamente. En realidad si no era porque yo insistía en ello, Mael hubiera seguido con los horribles ropajes que traíamos por la eternidad.
Fué en una de éstas batallas donde surgió una terrible desgracia. Un grupo espectacularmente numeroso de mortales ebrios nos atacaron y aunque logramos vencerlos, Mael fué gravemente herido. Le habían degollado y arrancado un brazo cruelmente. Mi desesperación era tal que me convertí en el dios fúrico que habitaba en mi memoria y teminé destrozando a los pocos intrusos que quedaban tan salvajemente que perdieron forma alguna.
Después de ver que ya nadié nos haría mas daño, agitado y empapado de sangre de mis enemigos, fuí hacia mi compañero que trataba convulsivamente de tocar, con el único brazo que le quedaba, su ausente cabeza. Mi impacto fué tan tremendo que hizo que me mareara súbitamente.
Yo sabía que nuestras heridas se curaban facilmente, pero no sabía nada de lo referente a la desmembración. Mi desesperación al ver vivo y sufriendo a Mael me llevó a actuar torpemente en mi intento de ayudarlo con rapidez. Temblando, coloqué los miembros en su lugar, pero no reparé en que mi fuerza sobrenatural los forzaría brutalmemte dejándolos en una posición periforme, grotesca. Al observar el resultado, retrocedí asustado al contemplar la cabeza de Mael viendome con sufrimiento. ¡Con su cabeza y brazo mounstrosamente mal colocados y ya unidos¡
Desesperado y asustado lo llevé con el más delicado de los cuidados a una casa que conocíamos Mael y yo. Lo tendí en el suelo con cuidado y al borde del colapso me acerqué a su lado, le besé la mejilla y acaricié su cabello, jurándole que no lo dejaría y que pediría ayuda a Marius, que no tardaría, que porfavor me perdonara y no tuviera miedo.
No tardé en llegar a casa de Marius, que para mi sorpresa y reprobación, estaba llena de mortales. De inmediato me recibió y accedió rápidamente a acompañarme y tratar de ayudarme con lo de Mael. Estaba desesperado pero me confortaba la presencia de Marius. Juntos descubrimos que era posible restaurar mi error arrancando nuevamente los miembros y dejando que se unieran por sí solos. Al hacerlo, sentí el peor de los miedos. No deseaba lastimar más a Mael, mucho menos arrancarle nuevamente la cabeza y el brazo, pero temía mas por su suerte y su estado como para permitir que quedara sin resolver la situación. Asi pues, realicé junto con Marius la operación tras lo cual le dí toda la sangre que pude y Marius también le dió un tanto de la suya.
Al estar dándo mi sangre a Mael, incluso debilitado por ésto, logré comprobar, a través de mi poder mental, (que se infiltraba sin mi permiso en otras mentes) mis hipótesis: Marius acudía a las colinas a ver a la Madre e ignoraba que yo podía leer sus pensamientos incluso sin desearlo y que sabía los secretos que los padres encerraban y que incluso yo había estado en su presencia. Él consideraba que yo no tenía poder ni conocimientos suficientes. Ésto no me molestaba en lo absoluto, mi intención era vivir en paz. El problema era que Mael, al beber de Marius, había descubierto que éste guardaba secretos de la Madre. Fué tanta su furia que una noche se dirigió a su casa dispuesto a que Marius le revelara todo. Yo lo acompañé para en el camino convencerlo de hacer las cosas civilizadamente. Yo sabía que si se encontraban solos terminarían matándose.
Ya en casa de Marius, le revelé a él parte de lo que sabía del tema y también que podía entrar en su mente. Quedó impactado pero yo no quería ocultarle algo como eso. Él a su vez, nos reveló también casi todo lo que sabía de la Madre y nos llevó al santuario en las colinas.
El santuario era hermoso, yo prefería estar admirandolo a entrar. Sabía lo que vería.Yo no deseaba entrar pero Mael estaba obstinado y los acompañé temiendo en todo momento por Mael quien se aproximó a la figura de nuestra reina pidiéndole su sangre.
El Rey casi mata a mi testarudo compañero y una vez mas Marius lo salvó. Era la visión más espantosa que podía soportar mi corazón. La aparente inconciencia, la soledad, la inmovilidad, el mutismo y la resignación talladas en su piel que alguna vez se movio.
Como es obvio antes y después de lo sucedido Mael Y Marius discutieron fuertemente y yo, como siempre tuve que intervenir. Marius estaba fúrico y antes de retirarme besé sus mejillas y le comuniqué calmadamente lo agradecidos que estábamos de que nos mostrara sus secretos. También le confesé que yo no deseaba volver al santuario.
El tiempo transcurría rápidamente, los años también. Nuestra existencia era tranquila aunque los cambios en cuanto a la organización de los mortales de la ciudad y los nuevos vampiros adoradores instalados ahora en Roma eran peligrosos a mi parecer y le pedí a Marius que nos acompañara para que con sus palabras convenciera a ésos seres de guiarnos a su líder. No aceptó y yo me sentí decepcionado.
Era muy extraña la forma de comportarse de ésa secta. Adoraban seres irreales comportándose absurdamente. Maté a la mayoría de ellos y luego con ayuda de Mael terminamos con los que restaban. Marius me comunicó que nos ayudaría con lo del líder de los adoradores, así que cuando la oportunidad llegó, Mael y Marius mataron a los que quedaban en las catacumbas después de que yo matara al líder despiadadamente.
Todo siguió su curso, Mael y yo disfrutabamos de la ciudad y lo que nos ofrecía respecto a alimento. Marius, seguía con sus, extrañas para mí, reuniones de mortales. A mí me gustaba darme un espacio para observarlo mientras pintaba. El arte me producía gran placer visual y espiritual y él accedió a permitirme pasear por su hermosa casa admirando su trabajo. Por supuesto Mael despreciaba mi actitud diciendo lo más hiriente posible que me comportaba de forma absurda y tonta.
Pero en ésas noches en que brincaba los límites de la casa de Marius, no solo lo observaba a él mientras pintaba, sino que me acercaba cautelosamente a observar los salones con mortales. Era un gran espectáculo verlos y aprender de ellos y sus actitudes. Aveces, me sorprendía yo mismo en una posición curiosa imitando sus bailes y movimientos hacia las damas para luego recordar las palabras de Mael respecto a mi actitud. En fin, la casa era hermosa y me gustaba estar en el jardín observando y memorizando todo.
Una noche, mientras recargado en un árbol del jardín de Marius, escuchaba la música del interior, se desencadenó una espantosa invasión de las que últimamente amenazaban Roma por los visigodos. No pudimos hacer nada para defender la casa, matamos muchos invasores y tratamos de recuperar algunos pergaminos pero todo estaba en llamas y Marius me indicó que debíamos ir al santuario para protegernos. Yo le aseguré que Mael sabía cómo defenderse y esconderse, que yo sabía que estaba a salvo.
Cuando todo pasó, seguimos con nuestra existencia normal por noventa años, en los cuales, Marius, destrozado por lo sucedido, cayó en un largo sueño, solo, en la capilla. El solo pensar en ello me producía un profundo dolor y nos alarmaba a Mael y a mi. Numerosas veces tratamos de despertarlo pero era en vano, era una hermosa estatua, una escultura rubia y blanca como los mismos padres, solo que mas maleable.
La situación de la ciudad era decadente y ahora existía una nueva capital: Constantinopla.
Mael y yo deseabamos ir a ésa nueva ciudad y contemplar su nueva cultura. Estabamos dispuestos a viajar pero le dije a Mael que no lo haríamos sin antes tratar nuevamente de despertar a nuestro amigo Marius. Para nuestra sorpresa Marius despertó. Yo sabía que alguién lo había impulsado y que ésos momentos estaba presente y conciente de nuestra presencia e intenciones.
Después de que Marius estuviera restablecido y conciente de la época, decidimos empezar los preparativos de nuestro viaje. Yo estaba muy feliz puesto que conocería otro lugar en compañía de Mael y Marius.
Aún recuerdo el miedo que me producía ayudar a mi amigo romano a preparar a los Reyes, recuerdo la cara de Mael cuando le dije que me sentía eufórico por aprender nuevas cosas en la ciudad que visitaríamos. Era cómico para mí su desconcierto y disgusto en su rostro y él era conciente de ello ya que despues de su fúrica mirada sonreía moviendo su cabeza negativamente.
Yo no sabía que me esperaba, nadie de nosotros. No sabía que en ésa ciudad era donde conocería el dolor y el amor de seres hermosos y complejos.
Seres como ustedes mis queridos visitantes, que acompañan a mi caprichosa memoria. Por ahora es todo lo que referiré. Quizá otro principio de mes como parece ser mi destino, como lo eran mis ayunos en el roble, dedicaré mi corazón a seguir con mi historia...