Monday, May 11, 2009

Zenobia. Tu partida..





Zenobia, mi eterno amor..

Llore por ti en la soledad de los lujos que había en mi habitación, llore por nuestro encuentro de amor que en aquel lugar de reunión de todos nosotros, en ese teatro donde incluso los mortales me consuelan con sus platicas complejas. Sentía que algo estaba matándome al llorar. Creía que al tenerte entre mis brazos después de que tanto añoramos nuestro encuentro por años, no te irías mas.

¿Es acaso el pago por mis actos? ¿Qué pude hacer yo para que te alejaras de mi otra vez? Esta bien, se que te mentí, dije que comprendía tu partida cuando lo único que se partía en dos, era mi alma milenaria que beso tus manos, tus ojos, tu cabello irresistible y todo tu cuerpo que aun me parece tan delicado y juvenil como el de esa niña que tu misma ves al reflejarte en los espejos. Tu sangre y la mía se fundieron en nuestro acto de amor.. Deseaba ser otra vez tu caballero, el que bailada tomando tu cintura y volaba dando círculos en los bailes de aquellas épocas en las que escogías los mas delicados y finos vestidos para agradarme, para agradarte a ti y a todos cuantos me celaban por ser tu defensor, aquel que no podrían vencer nunca aunque desearan acercarse a ti, perfecta y pura.

Me deslumbras, me enloqueces y te vas. Lloraste al partir, pero mi alma estaba cerrada de dolor. ¿Realmente creíste mis palabras de compresión? Lo dudo, todos y cada uno de los que me conocen, hasta yo mismo se que jamás he podido ocultar mis emociones, que mi rostro expresa cuanto siento como si lo hiciera a propósito. O quizá era tan inaguantable mi dolor, que hasta mi rostro de mármol etéreo murió de expresión al verte salir. Solo permanecí ahí, diciéndote las frases mas dulces, sinceras e implorando con mi ultimo aliento de esperanza, que te adoraría mas que nunca. Pero tus palabras y tu mirada me dijeron de forma opaca que tu no eras igual, que un cambio te esperaba y que yo no formaba mas parte de ello.

Te miraba a los ojos pero ya no me inmute, solo corrían por mis ojos esas rasgaduras rojas que formaban mis lagrimas de sangre que caían en un precipicio hasta el suelo recorriendo mi altura, te miraba con ternura y desesperación atorados en mi garganta, solo asentí con mi cabeza al momento en que te despediste con aquel 'lo siento' ¿dijiste algo mas? No lo recuerdo, permanecí con mi mirada valerosa y solemne dejándote ir a un destino lleno de esperanzas.. aplastando las mías.

Me dijiste que nos volveríamos a encontrar, que me amabas, que por favor.. comprendiera, que sabía que yo era dulce y paciente. Ni siquiera cerré mis ojos solo volví a asentir y con un gesto fatal de mi mano te trate de decir que podías marcharte sin problema. Tu sobrenatural caminar por cada pasillo, unos sollozos de diosa perdida, dolida pero sin regreso, unos pensamientos que no quise oír de tu mente.. Todo podía captar desde mi habitación llena de iluminación.

Me quedé mirando la puerta sintiendo que la oscuridad de mis ojos traspasaba hasta mi corazón muerto. El viento del balcón me envolvió en su gélido abrazo. ¿Te imaginaste siquiera lo que sentí al agachar mi cabeza después de minutos enteros de escuchar con mi oído sobrenatural, tus ultimas pistas de presencia? ¿Te inquietó en algún momento dejar al ser que te amaba lleno de sangre en su rostro oculto en sus mechones de cabello negro? ¿viste en tus sueños las gotas tintas en la alfombra, en mis botas negras? ¿Creíste en los espasmos del dolor que pudiste causar a tu partida?

Pero muy en el fondo de mi impredecible corazón, sabía que 'tú y yo' ya no era mas una sola palabra, pues tú ya no eras parte de ella. Eras otro yo que buscaba su complemento en las nuevas fases de tus andanzas emocionantes tras haber superado uno y otro suceso en tu existencia.

Luego de horas de soledad reciente, me senté mirando las llamas. ¿Porque siempre los episodios dolorosos se escriben en nuestras experiencias? Así es, tus argumentos eran dolorosos pero reales. Nuestra pasión era intensa pero nuestros caminos eran de diferente color. Extraño tu cabello, tu platica, tu presencia. No se que estés haciendo en éstos momentos pero yo pienso en ti.. Quizá hasta me retire un poco a cavilar sobre mi existencia.. Te añoro. A veces tanto que no se como fue que te dejé ir. Supongo que sé , realmente, que aunque te hubiera tenido entre mis brazos, no estarías con migo, sino tan lejos de mi de lo que podría soportar.

Me siento frío, apagado, como las cenizas de una antigua fogata en tierras antárticas. Las llamas lucen sugerentes... pero la lógica en mi mente no me hace desear desaparecer, no mientras sienta esa terrible curiosidad por todo y todos..

Nos volveremos a ver mi dulce Zenobia.. en otra era, quiza después de centurias enteras cuando yo haya asimilado lo que sucedió en esta Luna tan fria y desoladora..

Friday, December 22, 2006

Constantinopla. El cuarto inicio..



Una historia real siempre tiene continuación. Mi historia es eterna. Lo es, si sigo diciendo la verdad o si no decido acabar con mi existencia...




No olvides jamás los sucesos que estás creando, es doloroso no tener aunque sea dolor en la memoria.




He decidido continuar con mi redacción, aquella que detuve por la visita de la melancolía. Me complace la idea de que las imágenes que mi memoria guarda, se formen en tu mente con tus percepciones e ideas, pero al fin de mis recuerdos a los tuyos de ésta historia.


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La nueva capital de Roma. Imperio Romano de Oriente.



La noche más iluminada que mis ojos habían visto en las últimas noches....

Constantinopla.

La hermosa ciudad resplandecía en antorchas y nos recibía al llegar al puerto.

Mi emoción era insoportable. Aferrado al borde de la proa de la embarcación, observaba junto a mis compañeros el brillo alegre de una nueva ciudad. El frío calcinante de la noche era lo de menos aunque daba de lleno en nuestros rostros y despeinaba nuestro cabello.

Cuando la embarcación tocó tierra no pudimos evitar sonreir con satisfacción. Una etapa nueva de nuestra eternidad se abriría sin rencores entre mis compañeros.

Después de que Marius utilizara sus dotes para las cosas administrativas, caminamos por las calles llenas de antorchas de la nueva ciudad. Una gran cantidad de comerciantes orientales ofreciendo los más sorprendentes objetos que en mi ignorancia no pude haber imaginado.

Mael caminaba feliz sin dar importancia a la estética de las cosas. Yo percibía su semblante tranquilo, sin ningúna preocupación. De vez en cuando me miraba con sus ojos azules un tanto burlescos por las expresiones de mi rostro que jamás he podido controlar. Todo era nuevo y sorprendente para éste dios.




Marius nos invitaba a ver la arquitectura del lugar emocionado a tal punto que contagiaba su alegría. Titubeaba indeciso, sin saber qué lugar visitar primero. Mael y yo lo seguíamos a donde nos invitaba. Yo... estába inquieto, feliz y satisfecho con lo que seguramente aprendería esa y las siguientes noches de nuestra estancia en Constantinopla.

En cada despertar vivíamos aventuras inimaginables, conocíamos lugares y cosas juntos. Aveces Mael, prefería ir a otro lugar o simplemente deambular sin propósito fijo. Yo lo acompañaba mientras Marius se iba y exploraba con su entusiasmo otros lugares de la ciudad. Me gustaba caminar con Mael. Aveces yo me entretenía en algún lugar observando algún objeto mientras él esperaba a poca ditancia o caminaba mirando Luna.

La diosa Luna... Aveces, en nuestras andanzas, pensaba en qué habría sido de mi... Qué habría visto ella en éste tiempo si no hubiera escapado. Me dolía.. Pero luego observaba mi alrededor: mortales conviviendo sin miedo a ser sacrificados, yo, el dios, observando los objetos que me ofrecían, Mael con su cabello rubio y salvaje esperando alguna reacción mía y mi imágen en un gran cristal con una expresión de desconcierto. Luego sonreía al recordar mi libertad, mis compañeros y la felicidad de conocer cuanto yo deseara. La euforia me llenaba y agradecía emocionado a Mael por llegar a aquel Gran Roble y brindar a aquel dios un nuevo renacer... No abrir los ojos y mirar las paredes de mi hogar de tierra y raices.. sino un lugar hermoso, con una bellísima casa y un gran jardín, donde ya no estaba solo...

Ésta magnífica casa la conseguimos una semana más tarde de nuestra llegada a Constantinopla. Era nuestra casa. Ningún mortal podía imaginar que tres dioses habitaban tranquilamente en ella.


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Bellos recuerdos, anhelos perdidos. Solo parte de mi estacia en aquel bello lugar. ¿Prometo seguir? Solo se que lo haré.. es tiempo es relativo. Pacientes compañeros que leen éste texto compartiré mas de mi existencia en otra ocación... mas por ahora agradezco que acompañen éstas letras perdidas.

Saturday, December 09, 2006

Noches ...


Exposiciones artísticas que el dios observa... Dicen que los dioses envidian a los mortales... ¿Es asi?

Camino entre caleidoscopios plateados donde mi imágen me hace sentir material. Ropa mortal, mi cabello se confunde al reflejarse frente a la noche, la que pocos ven desde un museo solitario.

Actualmente mi razón está en pie.. la melancolía se me escapa. Mi alegría es continua como mi curiosidad, hasta quizá mas alta que yo. Se que un mortal, está afuera, vigila lo posible. No puedo evitar pensar en que compartimos horarios y que sus pensamientos se centran en el día siguiente cuando descanzará sin importarle el sol de la mañana..

Ahora estoy a kilómetros de ahi, pensando en los seres que con sus palabras me hacen reflexionar en perdidas y en posibilidades.

La mayoría de mis actuales noches se encuentran en la Isla de la noche, donde el anfitrion es un dios muy joven que conoció e incluso hospeda a Marius, Marius que suele desaparecer como cuando nos abandonó en Constantinopla. Yo entendí su situación, se lo dije aquella noche. Se que Mael también lo hizo cuando tuvimos que separarnos.

Ver a Marius, a Zenobia, me hacen senrtir deseos de ver a Mael y conversar con él como no lo he hecho con Marius.

Monday, November 20, 2006

Encuentro dentro de mi descanso diurno..




Entierro mi rostro y mis largas uñas en el carnoso tronco, mis brazos rodean su vital cuerpo, ese que pertenece a los guardianes de los bosques.

Sonrío perdido, pegado a él, mi boca, dentadura y colmillos sienten su áspera protección.

".. ¿que hago fuera de tu magia?.. ¿Acaso las hachas de la inseguridad me atenazan nuevamente?.."

La eterna danza.

Escucho los cantos que me alaban, que me suplican asegurar el destino de su supervivencia. Mi paladar recuerda lo que vendrá, los abundantes y execivos sacrificios que embriagan mi mente y muestran mi imagen fiera, natural.

"Puedo beber de todos ustedes..."

Cierro los ojos.

"..Soy el dios.."

No.

"No eres el dios, eres un dios mas... Uno de tantos creado por la Reina quien ya no existe materialmente. Ella te arrancó lo que ahora no conoces, tu antigua naturaleza, te limitó, te lastimó con su poder de diosa indiferente, no desapareciste y ahora ya no lo deseas."

"... ya no.."

"Lo siento.. Te miento y te angustio, quizá ahora yo te esclavizo con mi franqueza absurda e imprudente.. No te deseo rodeándome más.. no dentro de ti. Existe más afuera que mi propia imaginación de dios.. La prefiero a ella, la que siempre me da el aspecto que aleja incluso a los de mi especie"

"No pretendo lastimarte ¿Cómo ignorar que tú fuiste lo primero que mi memoria amnésica vislumbró?"

Mi mente pide su perdón, mis dedos y colmillos se desincrustan de su piel.

"Tú me protegías no me esclavizabas por voluntad...."

AVICUS

Sunday, October 08, 2006

Ogham





Cada una de las teclas que mis pálidas manos presiona añaden símbolos en la nada, con fines que culaquiera puede tener..

Tú.. y los demás que junto contigo, quizá a millones de kilómetros, observan éste relato, pueden no creerlo, hasta ignorarlo o tal vez sentir en su interior una morbosa curiosidad de la mínima posibilidad de que ésto sea real y siguen leyendo. Puedes ser incluso un dios que ingiere sangre como yo, un ser que existe por que Ellas existen, porque tu voluntad aún no merma.

Soy Avicus, el dios del Roble, el de la memoria mutilada, el que en éstos momentos se propone detener su historia, (¿Cómo llamar historia a los acontecimientos de un ser muerto?) por estar confundido.. lastimado y carente de inspiración.

Se que mis palabras "seguiré" encerraban la promesa de continuación, mas mi corazón debil y fragil se resiste a hacerlo, sus ligamentos espirituales se aferran a la paz y se niega a ser arrancado para hablar.


Heme aqui pues con un deseo extraño escribir acerca de la escritura druídica. Ésto inspirado en un ser que con su mirada curiosa me custionaba sobre ello.

He decidido, entonces, por medio de ésta forma de expresión, mostrar un poco de mi contexto cuando era un dios..

Y compartiré en éste espacio la sagrada escritura de los druidas en sus últimos tiempos.. La escritura Ogham.

Ésta escritura se basaba, como la mayoría de la cultura y su fe, en los árboles.

Los árboles constituían la base de sus vidas; todo en la naturaleza poseía su propio significado y portaba para aquel que ”supiera ver” un claro mensaje. Cada tipo de árbol poseía su propia energía y sabiduría diferente a las del resto que además tenía alguna característica vinculada con los rasgos de cada personalidad humana.

En los momentos difíciles se invocaba al dios de cada árbol (En mi caso dios del Oak o roble) para hallar respuestas ante determinadas circunstancias, pues ya en aquel entonces era sabido que había que recurrir a fuentes de sabiduría más genuinas que la temerosa y engañosa mente humana para hallar respuestas válidas.

En fin, éste simbolismo se inició con un sistema de dedos y señalización de los druidas y ya a finales de ésta cultura, para la escritura como alfabeto. Para ésto, empleaban varitas de madera, o grababan las Fedhas correspondientes a cada árbol en la superficie, para después leer la suerte sobre ella. En la siguiente imágen se está plasmada la organización de la escritura Ogham en los árboles, ésta es la llamada ventana de Fionn:




En la figura que coloqué anteriormente, se muestra la estructura del alfabeto Ogham, que constaba de 20 letras, representadas por trazos rectos o diagonales en número variable de uno a cinco, dibujados o grabadas encima, debajo o transversales en una línea horizontal o vertical o a lo largo de los bordes del objeto en el que las letras están labradas.

Sunday, August 27, 2006

Navegando hacia la evolución.

Fué dificil de comprender para mi... ésta era, éste tiempo nuevo de tecnología.. el ver que éstas son letras, y no "son" porque no son tangibles.. Sin embargo, mis visitantes e invitados, pueden observar éstas palabras que no son poemas de amor y belleza, sino la memoria de un ser que existe dentro de un cuerpo humano sin vida.

Aveces, los imagino a ustedes en algún rincon de éste hermoso planeta, encontrando en sus numerosos viajes digitales ésta historia de mi "vida". Y por ustedes que desean conocerme, a mi, Avicus, el dios del bosque de Gran Bretaña, servidor de la Madre, por ustedes a quienes siempre dirijo las primeras y últimas palabras de mis escritos, por ustedes y por mí, continuo éste despliegue de recuerdos.

Recuerdos maravillosos que estaba creando con cada momento que pasaba. Los instantes en los que junto con Mael y Marius planeábamos nuestro viaje y cómo sería el lugar que habitaríamos en la nueva ciudad.

La sonrisa que en éstos momentos se dibuja en mi rostro pétreo y gélido, al recordar esos instantes, es quizá una pincelada similar a la que en ésos momentos se mostraba en mi cara. Era el momento de partir con, ahora, mis dos compañeros a un nuevo lugar. Los tres dioses a través de las aguas.

¿Lograrían Mael y Marius tener un trato pacífico durante el viaje?

Respecto a ésto, me daba pánico que se desatara en medio de las aguas una batalla en la que alguno de mis queridos amigos desapareceiera. Porsupuesto yo no permitiría que ninguno le hiciera daño al otro. Antes preferiría que los tres tomáramos caminos diferentes.

Realmente no deseaba nada de eso. Yo observaba cada encuentro entre ellos desde la preparación del viaje.



Pues bien, todo estaba listo. Nuestros arcones y pertenencias ya estaban en la embarcación. Mael no llevaba nada en concreto, solo algunas armas. Marius llevaba muchos pergaminos y libros; ropas suntuosas y algunas cosas mas. Yo por mi parte llevaba algo de ropa, armas y algunos objetos de mi agrado que encontré en Roma. Pero sobre todo llevaba mi corazón antiguo y mi inmortal memoria.

Fué una experiencia bastante nueva para mi. Viajar con dos dioses más a través de las aguas. Dioses con una personalidad contrastante y un tanto peligrosa.

No tenía de que quejarme, era maravilloso convivir con ellos. Algunas veces discutíamos pero era lo mínimo. Compartíamos mucho tiempo con Marius quien ya no se peleaba tanto con Mael ni amenazaban con matarse.

En lo que respecta a mi, para entoces, mi piel ya no era color marrón sino de un tono parecido a un humano bronceado, una piel dorada, no oscura. Era muy alto, más que Mael e igual o quizá mas alto que Marius. Contrastaba mucho con mis blancos compañeros. Mi cabello era profundamente negro y el de ellos era como el dios Sol. Ellos me señalaban los cambios que observaban en mi físico. Ésta situación me parecía curiosa y agradable. Imáginaba muchas cosas.

Pero regresemos al barco, a lo que aprendía ahí.

Mael, se mostraba tranquilo y sorprendentemente amable con migo, más dócil que antes. Claro, su talante áspero y personalidad dura, jamás los perdía. Era totalmente lo contrario a Marius. Los polos opuestos. Lo que respecta a mi, no sabía como encajaba en ésa escena de los tres dioses, solo sabía que estaba felíz.


Yo platicaba sobre las cosas maravillosas del los bosques y los druidas con Mael, mi testarudo y amado Mael,el rubio y hermoso druida que ahora con agria dulzura y cariño me sabía narrar los encantos y la magia de nuestra antigua religión. Las hadas, los cantos y rezos, la astrología y simbología, todo aquello que nos rodeó y de lo que alguna vez formamos parte. Yo sentía que Mael y yo podíamos estar hablando muchas noches sobre ello en la popa del barco, con la diosa Luna arruyandose con nuestras palabras. Los dos conocíamos el tema de nuestra antigua fe, lo habíamos vivído desde dos ángulos diferentes(Yo como dios y el como sacerdote) pero habíamos sido parte de ello. Conocía muy bien a Mael, era de mi sangre.. de la de ella..

Cuando estaba con Marius era diferente, porsupuesto. Leíamos algunas obras clásicas, que aunque yo las decifraba, no las comprendía. Pero para ésto él me brindaba algunas explicaciones bastante interesantes de las mismas, a las que yo atentamente ponía toda mi concentración asimilando todo rápidamente. Verlo actuar, a ése ser rubio e intelectual, como si los filósofos estuvieran presentes, me llenaba de emoción y gratitud. Pasábamos muchas horas juntos haciendo diversas cosas, disfrutando de nuestra compañía. Él era muy inteligente y bueno con migo, advertía en él un curioso agrado por mi, agrado recíproco,que yo trataba de agradecer, mi compañía no parecía desagradarle.

Muchas veces, mi compañero romano conversaba con el capitán mortal del barco. A mi me parecía desagradable igual que a Mael, quien me susurraba que a Marius le gustaban las mentiras. Yo trataba de no ahondar mas en el tema por respeto.
Yo amaba a mis compañeros, ambos significaban mucho para mi.

El viaje seguía. Era largo, peligroso y extraño para los mortales que nos acompañaban, ya que solo viajábamos de noche. Pedíamos comida y bebida simulando desearla. Era divertido actuar como mortal, tanto, que los tres reíamos por largo rato antes de tirar la comida. Mael, entre risas burlonas, me decía que yo, el dios, me mostraba nervioso y excesivamente amable al actuar frente a mortales, frente a mis posibles sacrificios. Marius solo se limitaba a observar mi reacción y reir ante el comentario de Mael, mientras yo no sabía a donde mirar por lo apenado que estaba.

Cuando nos deteníamos en algún lugar y despertaba antes de partir, yo me dirigía a la playa. Podría haber pasado horas, incluso noches enteras viendo con mis ojos sobrenaturales la organización de la vida marítima, comparando ésta con la que observaba en el bosque y en las ciudades.

Fué maravillosa para mi la experiencia del viaje. Aún con los leves enfrentamientos, absurdos para mi, de Marius y Mael. El conocerlos más, el estar acompañado, conocer lugares, y aprender de todo cuanto hacíamos, hacía que mi inerte corazón se alegrara.

El viaje terminó en el puerto de la gran ciudad de Constantinopla. Tres dioses buscando paz, buscando un destino más en su larga existencia...

Cierro mis ojos ante lo que sé que seguirá. Queridos acompañantes.
No puedo seguir. No por ésta ocasión. Mi corazón se resiste a hacerlo. El dolor, el constante dolor que viví en éste nuevo lugar es como una pesadilla interminable...

He de continuar.. por mi, por ustedes. Por mi abatido corazón y fragil memoria. Fragil por la facilidad en la que se sumerge en la eliminación cruel de recuerdos cuando es amenazada por el dolor...

Seguire...



Tuesday, August 01, 2006

Roma. Conociendo un mundo aparte.

Es imposible relatar todos y cada uno de los detalles de mi larga estancia en la ciudad romana. Asi pues me dispongo a resaltar algunos de los hechos que mi memoria y corazón han decidido revelar.


Roma era sin duda la cuidad más grande que había visto desde mi escape del Gran Roble. Mientras avanzábamos por sus calles y sus grandes pilares, yo no podía dejar de mirar las bellas estructuras que se levantaban a nuestros costados, a los mortales y su indumentaria, los soldados, etc.

Mael parecía de lo más tranquilo y le daba lo mismo si la ciudad era hermosa o no. Me decía que mi cara le recordaba al de un animal que es cambiado de habitat súbitamente y se desorienta y analiza todo de una forma enferma. A todo ésto me parecía que sus comentarios eran verdad y lo escuchaba atentamente mientras él, después de una carcajada divertida, me decía que ya estaba poniendo ésa expresión nuevante.

Ahora, después de tantos siglos, ésos recuerdos que creía perdidos, me arrancan una sonrisa como en aquel entonces.

Pero no es aqui donde mi relato puntualizó anteriormente, sino en el momento en que yo observaba asombrado cómo Mael se reencontraba con el dios fugitivo Marius. Éste nos observaba y analizaba, pude notarlo en su mirada.

Después de unos momentos dijo su nombre a Mael como saludo, pero éste no pudo reprimir su frustración y comenzó a reclamarle a ése ser el abandono cometido a los druidas de las Galias. Y así, inició un acalorado momento de reproches mutuos y ofensas (sorprendentes para mí) que llegaron a un punto en el que ya hablaban de matarse. Ésto me provocó una intensa desesperación y angustia pues me parecía de lo más absurdo pelear si no había nada que arreglar.

Tuve que intervenir. Tomé a Mael por el brazo para que supiera de mi desaprobación y les hice saber a ambos lo absurdo de la pelea y lo poco importante que resultaba ya, el cómo adquirieron los dones oscuros.

El primero en razonar fué el vampiro desconocido. Se tranquilizó y nos habló de una casa hermosa en la cuidad, una casa grande, lujosa y con jardínes que le pertenecía y a la que deseaba invitarnos a visitar.

Mi emoción por conocer un lugar así y al nuevo vampiro que parecía poseer sabiduría y actitudes amables, era muy grande y de inmediato comuniqué a Mael mis deseos de ir.

Llegamos al lugar guiados por el vampiro Marius. Yo estaba atónito ante la visión de tantas cosas hermosas en armonía y de que un dios como nosotros las poseyera. Fué entonces cuando nos dimos cuenta de nuestro aspecto sucio y de que podríamos estropear algún objeto. Aún asi el vampiro nos indicó que no había problema alguno en sentarnos o ensuciar algo. Éso fué muy considerado de su parte asi que tome asiento a diferencia de Mael que seguía rabioso y que de mala gana y después de que el vampiro le rogara, aceptó sentarse bruscamente.

En fin, éramos un grupo bastante extraño. A mi perspectiva Marius era sabio y amable pero se dejaba irritar por Mael, éste a su vez era la ira en persona y yo, solo miraba y temía al ver sus expresiones, que siguieran su disputa para mal. Éso yo no lo permitiría, prefería las palabras para las soluciones y así se los comuniqué. Una batalla verbal.

Los dos se calmaron y se dispusieron a hablar mientras yo observaba detenidamente el lugar y al vampiro anfitrión. Sus ropas eran muy hermosas, era un ser rubio y con ojos azules como Mael. Solo que éste ser tenía maneras refinadas y transmitía un semblante intelectual.

Iniciaron la conversación. Para ésto yo ya me había encargado de presentarme al vampiro por medio de la mente, ya que Mael por su rabia lo olvidó. La conversación siguió y fué guiada por Mael quien estaba contando su historia desde que el dios Marius se fugó del Roble.

Mael temía mis reacciones cuando hablaba de lo sucedido en los bosques de las Galias. Por mi parte deseaba escuchar su versión y brindar a nuestro anfitrion, lo único que podríamos ofrecer a cambio de su amabilidad: Nuestra historia.

La plática parecía interesarle al nuevo dios pero nuevamente comenzaron los comentarios hoscos por parte de ambos, el sarcasmo y nuevamente discutían con sentimientos negativos que parecían no terminar de manifestarse. Y así siguió el relato de Mael interrumpiendose una vez mas, maldiciendo su suerte por ser elegido para suplir a Marius. Yo le dije que era necesario que se calmara y que pensara en si realmente quería seguir a mi lado ya que era el causante de convertirlo en lo que era. Mael se sobresaltó y me dijo que deseaba estar a mi lado que yo no era el causante.

Ahh.. esa noche fué dificil para Mael, lo sé. Lo calmé mas de tres veces en la conversación, la última tuve que levantarme del hermoso sillón para evitar que golpeara a Marius. Aún y con ésos inconvenientes, logró contar todo lo sucedido hasta entonces y yo aprendí mucho durante mi estancia en ése lugar.

Aprendí, que Mael sabía relatar muy bien las historias, que aún me temía, que me celaba respecto a Marius y que éste también lo sabía, y que su furia hacia él, en ésos momentos, era más por mi causa que por lo sucedido. Aprendí también que se tenían un gran resentimiento, que Marius ocultaba cosas sobre la Madre y creía que yo también ignoraba ésos secretos. Pero no dije nada, no era prudente. Además Mael terminaría sintiendose en desventaja y yo no quería eso.

Marius nos invitó a quedarnos pero, aunque en ésos momentos opinara lo contrario, nos retiramos prudentemente y digo prudente ya que Mael y Marius estaban muy irritados. Me despedí como es mi costumbre, con los seres que me agradan, con un aprentón de manos.

El camino a nuestro lugar de descanso fué en silencio, yo pensaba en todo lo que había vivido ésa noche y Mael, seguía irritado y silencioso hasta que por fin me miró y dijo que nosotros sabíamos cómo existir sin necesidad de todas ésas cosas que nos ofrecía. Yo solo lo miré con afabilidad y le dije, para calmar sus preocupaciones, que era bueno conocer diversas formas de subsistir y que estaba satisfecho con nuestra vida y su compañía.

Los años transcurrieron y mi "vida" con Mael era bastante activa, ésto porque siempre aparecían seres a los que aterrorizábamos. Amenazabamos a cuanto dios fúrico o uno de los nuevos adoradores de la serpiente aparecían en la cuidad para que no volvieran jamás. Algunos, los elíminabamos por su persistencia. A todo ésto como es comprensible, yo era más poderoso que Mael por mi edad. En cuanto a la caza, nos gustaba jugar con los mortales, había muchos seres merecedores de ser sacrificados.

En cuanto al dios fugitivo Marius, aveces sentía que nos espiaba telepáticamente. Me causaba gran intriga que algunas veces lo sintiera o viera dirigirse a un lugar desolado en las montañas. Yo tenía mis hipótesis, relacionando sus peregrinajes con la Gran Madre, porsupuesto no le decía nada a Mael puesto que no estaba seguro de que fuera verdad ni de la reacción de mi compañero.

Convencí a Mael de conseguirnos indumentarias apropiadas para caminar sobre las calles romanas. Optamos por unas vestimentas de soldado muy cómodas y apropiadas para nuestras batallas con los vampiros intrusos y los mortales invasores. Nos arreglabamos y peinábamos adecuadamente. En realidad si no era porque yo insistía en ello, Mael hubiera seguido con los horribles ropajes que traíamos por la eternidad.

Fué en una de éstas batallas donde surgió una terrible desgracia. Un grupo espectacularmente numeroso de mortales ebrios nos atacaron y aunque logramos vencerlos, Mael fué gravemente herido. Le habían degollado y arrancado un brazo cruelmente. Mi desesperación era tal que me convertí en el dios fúrico que habitaba en mi memoria y teminé destrozando a los pocos intrusos que quedaban tan salvajemente que perdieron forma alguna.
Después de ver que ya nadié nos haría mas daño, agitado y empapado de sangre de mis enemigos, fuí hacia mi compañero que trataba convulsivamente de tocar, con el único brazo que le quedaba, su ausente cabeza. Mi impacto fué tan tremendo que hizo que me mareara súbitamente.

Yo sabía que nuestras heridas se curaban facilmente, pero no sabía nada de lo referente a la desmembración. Mi desesperación al ver vivo y sufriendo a Mael me llevó a actuar torpemente en mi intento de ayudarlo con rapidez. Temblando, coloqué los miembros en su lugar, pero no reparé en que mi fuerza sobrenatural los forzaría brutalmemte dejándolos en una posición periforme, grotesca. Al observar el resultado, retrocedí asustado al contemplar la cabeza de Mael viendome con sufrimiento. ¡Con su cabeza y brazo mounstrosamente mal colocados y ya unidos¡

Desesperado y asustado lo llevé con el más delicado de los cuidados a una casa que conocíamos Mael y yo. Lo tendí en el suelo con cuidado y al borde del colapso me acerqué a su lado, le besé la mejilla y acaricié su cabello, jurándole que no lo dejaría y que pediría ayuda a Marius, que no tardaría, que porfavor me perdonara y no tuviera miedo.

No tardé en llegar a casa de Marius, que para mi sorpresa y reprobación, estaba llena de mortales. De inmediato me recibió y accedió rápidamente a acompañarme y tratar de ayudarme con lo de Mael. Estaba desesperado pero me confortaba la presencia de Marius. Juntos descubrimos que era posible restaurar mi error arrancando nuevamente los miembros y dejando que se unieran por sí solos. Al hacerlo, sentí el peor de los miedos. No deseaba lastimar más a Mael, mucho menos arrancarle nuevamente la cabeza y el brazo, pero temía mas por su suerte y su estado como para permitir que quedara sin resolver la situación. Asi pues, realicé junto con Marius la operación tras lo cual le dí toda la sangre que pude y Marius también le dió un tanto de la suya.

Al estar dándo mi sangre a Mael, incluso debilitado por ésto, logré comprobar, a través de mi poder mental, (que se infiltraba sin mi permiso en otras mentes) mis hipótesis: Marius acudía a las colinas a ver a la Madre e ignoraba que yo podía leer sus pensamientos incluso sin desearlo y que sabía los secretos que los padres encerraban y que incluso yo había estado en su presencia. Él consideraba que yo no tenía poder ni conocimientos suficientes. Ésto no me molestaba en lo absoluto, mi intención era vivir en paz. El problema era que Mael, al beber de Marius, había descubierto que éste guardaba secretos de la Madre. Fué tanta su furia que una noche se dirigió a su casa dispuesto a que Marius le revelara todo. Yo lo acompañé para en el camino convencerlo de hacer las cosas civilizadamente. Yo sabía que si se encontraban solos terminarían matándose.

Ya en casa de Marius, le revelé a él parte de lo que sabía del tema y también que podía entrar en su mente. Quedó impactado pero yo no quería ocultarle algo como eso. Él a su vez, nos reveló también casi todo lo que sabía de la Madre y nos llevó al santuario en las colinas.

El santuario era hermoso, yo prefería estar admirandolo a entrar. Sabía lo que vería.Yo no deseaba entrar pero Mael estaba obstinado y los acompañé temiendo en todo momento por Mael quien se aproximó a la figura de nuestra reina pidiéndole su sangre.
El Rey casi mata a mi testarudo compañero y una vez mas Marius lo salvó. Era la visión más espantosa que podía soportar mi corazón. La aparente inconciencia, la soledad, la inmovilidad, el mutismo y la resignación talladas en su piel que alguna vez se movio.
Como es obvio antes y después de lo sucedido Mael Y Marius discutieron fuertemente y yo, como siempre tuve que intervenir. Marius estaba fúrico y antes de retirarme besé sus mejillas y le comuniqué calmadamente lo agradecidos que estábamos de que nos mostrara sus secretos. También le confesé que yo no deseaba volver al santuario.

El tiempo transcurría rápidamente, los años también. Nuestra existencia era tranquila aunque los cambios en cuanto a la organización de los mortales de la ciudad y los nuevos vampiros adoradores instalados ahora en Roma eran peligrosos a mi parecer y le pedí a Marius que nos acompañara para que con sus palabras convenciera a ésos seres de guiarnos a su líder. No aceptó y yo me sentí decepcionado.
Era muy extraña la forma de comportarse de ésa secta. Adoraban seres irreales comportándose absurdamente. Maté a la mayoría de ellos y luego con ayuda de Mael terminamos con los que restaban. Marius me comunicó que nos ayudaría con lo del líder de los adoradores, así que cuando la oportunidad llegó, Mael y Marius mataron a los que quedaban en las catacumbas después de que yo matara al líder despiadadamente.

Todo siguió su curso, Mael y yo disfrutabamos de la ciudad y lo que nos ofrecía respecto a alimento. Marius, seguía con sus, extrañas para mí, reuniones de mortales. A mí me gustaba darme un espacio para observarlo mientras pintaba. El arte me producía gran placer visual y espiritual y él accedió a permitirme pasear por su hermosa casa admirando su trabajo. Por supuesto Mael despreciaba mi actitud diciendo lo más hiriente posible que me comportaba de forma absurda y tonta.
Pero en ésas noches en que brincaba los límites de la casa de Marius, no solo lo observaba a él mientras pintaba, sino que me acercaba cautelosamente a observar los salones con mortales. Era un gran espectáculo verlos y aprender de ellos y sus actitudes. Aveces, me sorprendía yo mismo en una posición curiosa imitando sus bailes y movimientos hacia las damas para luego recordar las palabras de Mael respecto a mi actitud. En fin, la casa era hermosa y me gustaba estar en el jardín observando y memorizando todo.

Una noche, mientras recargado en un árbol del jardín de Marius, escuchaba la música del interior, se desencadenó una espantosa invasión de las que últimamente amenazaban Roma por los visigodos. No pudimos hacer nada para defender la casa, matamos muchos invasores y tratamos de recuperar algunos pergaminos pero todo estaba en llamas y Marius me indicó que debíamos ir al santuario para protegernos. Yo le aseguré que Mael sabía cómo defenderse y esconderse, que yo sabía que estaba a salvo.

Cuando todo pasó, seguimos con nuestra existencia normal por noventa años, en los cuales, Marius, destrozado por lo sucedido, cayó en un largo sueño, solo, en la capilla. El solo pensar en ello me producía un profundo dolor y nos alarmaba a Mael y a mi. Numerosas veces tratamos de despertarlo pero era en vano, era una hermosa estatua, una escultura rubia y blanca como los mismos padres, solo que mas maleable.

La situación de la ciudad era decadente y ahora existía una nueva capital: Constantinopla.
Mael y yo deseabamos ir a ésa nueva ciudad y contemplar su nueva cultura. Estabamos dispuestos a viajar pero le dije a Mael que no lo haríamos sin antes tratar nuevamente de despertar a nuestro amigo Marius. Para nuestra sorpresa Marius despertó. Yo sabía que alguién lo había impulsado y que ésos momentos estaba presente y conciente de nuestra presencia e intenciones.

Después de que Marius estuviera restablecido y conciente de la época, decidimos empezar los preparativos de nuestro viaje. Yo estaba muy feliz puesto que conocería otro lugar en compañía de Mael y Marius.

Aún recuerdo el miedo que me producía ayudar a mi amigo romano a preparar a los Reyes, recuerdo la cara de Mael cuando le dije que me sentía eufórico por aprender nuevas cosas en la ciudad que visitaríamos. Era cómico para mí su desconcierto y disgusto en su rostro y él era conciente de ello ya que despues de su fúrica mirada sonreía moviendo su cabeza negativamente.

Yo no sabía que me esperaba, nadie de nosotros. No sabía que en ésa ciudad era donde conocería el dolor y el amor de seres hermosos y complejos.

Seres como ustedes mis queridos visitantes, que acompañan a mi caprichosa memoria. Por ahora es todo lo que referiré. Quizá otro principio de mes como parece ser mi destino, como lo eran mis ayunos en el roble, dedicaré mi corazón a seguir con mi historia...