Un poco de historia
Buenas noches, amables visitantes...

Si, mi nombre es Avicus, ¿No saben nada de mi?, ¿no me recuerdan?
He de decir que ésto es mas que frecuente ya que soy un ser que ha permanecido constantemente en las sombras. Mi intervención en la vida oscura ha sido desde tiempos incomprensibles para mentes tán tiernas como las de los mortales.
Egipto, una cultura ambigua e incalculablemente fascinante, fué testigo de mi cambio, que no logro recordar con facilidad. Mi origen , sé que no pertenecía a Egipto.La primera vez que mis ojos contemplaron a la hermosa Madre, su esplendor, su tacto en mis labios, su sabor,qué puedo decir, mis recuerdos son ahora una brisa matutina que cada que avanzan las horas desaparece. ¿ La razón de ésta absurda amnesia ? Siempre será un misterio para mi.
La oscuridad ya era mía cuando la conciencia me llenó de nuevo.
Gran Bretaña. Yo era un dios, un dios del bosque, rigiendo desde los aposentos de , quizá, el más enorme roble que ha existido; o así me parecía por el constante y eterno encierro. ¿Me consideraba un dios? si, porque para mí ésta oscura magia y sus reacciones, eran las características de un dios druídico.
Un dios que desgraciadamente vivió el momento del Fuego fatídico junto con todos los dioses que habitabamos en la tierra. Yo no lograba comprender el dolor, el fuego invisible a mis ojos que me desgarraba recorriendo mi ser mortalmente. No comprendía que en mi encierro, yo, un dios, me abrasara un fuego mas potente que las llamas que alguna vez hemos contemplado cercanamente.
¿Mis pensamientos? morir, olvidarme de la inmortalidad. El dolor pasaría, se iría y yo me elevaria a un lugar desconocido pero diferente al Gran Roble.
Eso no sucedió. Sobreviví al Fuego Misterioso, seguramente por mi larga existencia, que como todos los de mi especie vuelve más resistentes, pero yo no lo sabía, permanecía ignorante en mi roble, tan ajeno al mundo y a mi especie que no podía sino resignarme a desempeñar el papel que me correspondía: Ser el dios.

Mis jornadas diarias eran involuntariamente ociosas, tanto, que añoraba el paso de las lunas llenas para poder salir y alimentarme. Era una larga espera y en mis primeros años, solo pensaba en ello. Con el paso de los siglos, la necesidad de sangre, naturalmente, fue difuminándose. Sin embargo mi eterna rutina me parecía ya insoportable. Exigía sangre aún sin necesitarla, me volví un dios feroz, en constante alteración.
Hasta que conocí a Mael, mi "vida" cambió.
Queridos visitantes, no soy quien para atormentar su dulce mente con mis fracasos, mis cambios y tragedias. Aún asi, si lo desean, estoy aqui para ustedes, siempre. Y si su necesidad es saber más de mí, adelante, pueden solicitarme responda sus cuestiones.
Sean bienvenidos.
